La educación artística.

Es necesario revisar la manera en la que se imparte, sus contenidos, sus conexiones con el mundo tecnológicamente activo y eminentemente visual que nos rodea y otorgarle la creciente importancia que está adquiriendo. Un mundo visual requiere de un entrenamiento para poder leer sus imágenes. Las múltiples imágenes que vemos a diario y que ejercen un tremendo poder sobre nuestras mentes y en consecuencia sobre nuestros comportamientos. El arte es comunicativo, pero para que exista comunicación es necesario conocer los códigos, y estos códigos, este lenguaje, tiene que ser enseñado en la escuela.
La educación artística es la asignatura desde la que se puede ayudar a los alumnos a valorar y desarrollar lo que les hace distintos, únicos tanto a ellos mismos como a sus obras, contribuye a la construcción de la propia identidad. Esta asignatura no busca una sola respuesta, ya que en la diversidad de respuestas está el fin; valorar la visión personal. Y esa visión personal surgirá de la búsqueda, del análisis, de las conexiones que establecemos en nuestro interior, de los pequeños descubrimientos, de la toma de decisiones, de nuestra capacidad de riesgo, de la variedad y de la flexibilidad. Para todo esto tenemos que entrenarnos. Lo que nos conducirá hacia un pensamiento crítico, activo.

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sábado, 30 de abril de 2016

El Parque de la Memoria-Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado.

Roberto Aizenberg

(argentina, 1928–1996)

Sin título

2003 | bronce laminado: 3,90 x 5 x 1,70 m. obra realizada a partir de un boceto del artista
Esta escultura presenta tres volúmenes geométricos, coronados por esferas, que dibujan en el espacio las siluetas de tres torsos. Las figuras aluden a Martín, José y Valeria, hijos de Matilde Herrera, escritora y pareja de Aizenberg, quienes fueron secuestrados y desaparecidos entre 1976 y 1977. Los contornos de este retrato de grupo encierran un vacío que señala la ausencia de los cuerpos pero, al mismo tiempo, marcan su imborrable presencia. Las figuras de estos tres jóvenes desaparecidos atraviesan un proceso de depuración formal que alcanza la representación de lo esencial y su imagen reconocible se torna un símbolo de alta carga emotiva.

león ferrari

(argentina, 1920-2013)

A los derechos humanos

2011| varas de acero inoxidable sobre vigas de madera, 6 x 3 x 3 m. obra concedida en comodato por la fundación augusto y león ferrari-arte y acervo
Esta pieza es una escultura sonora pensada por el artista como un artefacto para dibujar sonidos y crear hechos musicales, visuales y táctiles. Al ser una escultura polisensorial permite ejecutar música y realizar performances en torno a ella. En palabras de Ferrari: “Es posible tocar mis esculturas con las manos, con un arco de violín, como se quiera. Creo que las divisiones son muy adecuadas en botánica, donde existe una necesidad intrínseca de poner etiquetas. En arte, eso es absolutamente dispensable”.

nicolás guagnini

(argentina, 1966)

30.000

1999–2009 | 25 columnas de acero
de 4 x 0,12 m. c/u.
Mi padre. Desaparecido
Mis tíos. Desaparecidos
Mis primos. Secuestrados
Esta instalación apela a una participación activa por parte del público. El artista diseñó un dispositivo que opera fundamentalmente a partir de dos elementos: el rostro humano y el cuerpo del espectador. La obra consiste en veinticinco columnas blancas que forman una suerte de “bosque” tubular sobre el que se encuentra un rostro pintado de negro. El espectador solo podrá componer la totalidad del rostro desde un único punto de vista. Al recorrer la obra, poniendo su cuerpo en movimiento, el visitante encontrará el punto.









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