La educación artística.

Es necesario revisar la manera en la que se imparte, sus contenidos, sus conexiones con el mundo tecnológicamente activo y eminentemente visual que nos rodea y otorgarle la creciente importancia que está adquiriendo. Un mundo visual requiere de un entrenamiento para poder leer sus imágenes. Las múltiples imágenes que vemos a diario y que ejercen un tremendo poder sobre nuestras mentes y en consecuencia sobre nuestros comportamientos. El arte es comunicativo, pero para que exista comunicación es necesario conocer los códigos, y estos códigos, este lenguaje, tiene que ser enseñado en la escuela.
La educación artística es la asignatura desde la que se puede ayudar a los alumnos a valorar y desarrollar lo que les hace distintos, únicos tanto a ellos mismos como a sus obras, contribuye a la construcción de la propia identidad. Esta asignatura no busca una sola respuesta, ya que en la diversidad de respuestas está el fin; valorar la visión personal. Y esa visión personal surgirá de la búsqueda, del análisis, de las conexiones que establecemos en nuestro interior, de los pequeños descubrimientos, de la toma de decisiones, de nuestra capacidad de riesgo, de la variedad y de la flexibilidad. Para todo esto tenemos que entrenarnos. Lo que nos conducirá hacia un pensamiento crítico, activo.

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domingo, 10 de abril de 2016

Víctor Cúnsolo. 1898-1937.



Nació en Siracusa en 1898 y falleció en Buenos Aires en 1937. “Su familia se trasladó a la Argentina en 1913. Ingresó al taller de Mario Puccione en 1917 para estudiar dibujo y pintura. Trabajó en El Bermellón, el atelier de Juan del Prete, Víctor Pissarro, Salvador Cali y Guillermo Bottaro. En 1927 realizó su primera muestra individual en la galería La Peña. Expuso en el Salón Nacional desde 1927 hasta 1935 y participó de distintas muestras en Europa y América. Inicialmente impresionista, se volcó luego hacia una atmósfera metafísica, prefiriendo siempre los tonos grises y suaves. Uno de los temas recurrentes en Cúnsolo es el barrio de La Boca, que retrató con sobriedad y cierta melancolía, aunque siempre con una acentuada inquietud social. Una de sus obras más conocidas es La Vuelta de Rocha (1929). Entre sus numerosas creaciones, habitualmente protagonizadas por los barcos, el puerto y el río, sobresalen Niebla en la Isla Maciel , Atardecer gris y Anocheciendo “.

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