La educación artística.

Es necesario revisar la manera en la que se imparte, sus contenidos, sus conexiones con el mundo tecnológicamente activo y eminentemente visual que nos rodea y otorgarle la creciente importancia que está adquiriendo. Un mundo visual requiere de un entrenamiento para poder leer sus imágenes. Las múltiples imágenes que vemos a diario y que ejercen un tremendo poder sobre nuestras mentes y en consecuencia sobre nuestros comportamientos. El arte es comunicativo, pero para que exista comunicación es necesario conocer los códigos, y estos códigos, este lenguaje, tiene que ser enseñado en la escuela.
La educación artística es la asignatura desde la que se puede ayudar a los alumnos a valorar y desarrollar lo que les hace distintos, únicos tanto a ellos mismos como a sus obras, contribuye a la construcción de la propia identidad. Esta asignatura no busca una sola respuesta, ya que en la diversidad de respuestas está el fin; valorar la visión personal. Y esa visión personal surgirá de la búsqueda, del análisis, de las conexiones que establecemos en nuestro interior, de los pequeños descubrimientos, de la toma de decisiones, de nuestra capacidad de riesgo, de la variedad y de la flexibilidad. Para todo esto tenemos que entrenarnos. Lo que nos conducirá hacia un pensamiento crítico, activo.

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lunes, 23 de mayo de 2016

Viaje de estudio a Tucumán.




En la Casa de Tucumán encontramos.
Cuadros e imágenes de santos y objetos de uso religioso, mobiliario, vajilla y armas del siglo XVIII representan la vida social y la religiosidad, la función de las ciudades y de los vecinos en la monarquía española.
La producción de arte americano colonial es muy rica en iconografía, colores, formas y significados, surge como una copia de las escuelas europeas y luego se crea un estilo nuevo con características originales.
Grandes maestros se destacan en las escuelas Alto Peruanas- Potocina, Cuzqueña y Quiteña. La pintura es  desarrollada por artesanos indios y mestizos en talleres donde la producción se realiza en serie y por encargo.
En la colonia, la demanda de obras con esta temática fue elevada y tiene por objetivo educar en los principios cristianos; se la solicita para el culto privado , en las casas. La región Norte del actual territorio Argentino estaba integrada en lo cultural y comercial hasta el siglo XIX con el territorio Altoperuano  donde funcionaban los principales centros productores de arte colonial.
Algunos protagonistas de la contienda están representados con sus retratos: Manuel Belgrano, Gregorio Aráoz de Lamadrid y Domingo Basail. La guerra en su vertiente religiosa está presente a través de los cuadros de la Virgen de la Merced (Generala del Ejército del Norte) y de la Virgen del Carmen (Generala del Ejército Español).
Pinturas al óleo (una sobre tabla: “Coronación de la Virgen por la Ssma. Trinidad”,  y otra sobre lienzo: “San Francisco Javier”- ambas del S. XVIII) que se encontraban en buen estado de conservación pero requerían una limpieza superficial (fotos). Se les efectuó una minuciosa y detallada limpieza con solvente, sobre la capa pictórica para eliminar el barniz oxidado que le daba un aspecto verdoso a lo que en realidad se había pintado de azul. Recuperando de esta manera sus tonalidades originales.
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Los relieves de la Casa Historica de Tucumán (1904)
Las obras fueron encargadas a Lola Mora por el Gobierno Nacional con motivo de la completa remodelación de la Casa Histórica de Tucumán.
Los relieves que se encuentran en la Casa de Tucumán son dos: uno representa  el 25 de mayo de 1810 en los balcones del Cabildo de Buenos Aires;  el otro conmemora la Declaración de la Independencia en Tucumán el 9 de Julio de 1816 en el interior del Congreso de Tucumán.
Deben destacarse el cuidadoso estudio de fisionomías y atuendos, lo que refleja la seriedad y el profesionalismo de la escultora.
Tanto por las dimensiones como por la calidad de su ejecución, estas piezas de bronce constituyen ejemplos casi únicos en su género, en Argentina.
El Relieve del 25 de Mayo
En cuanto a los personajes, este relieve revela un mosaico de tipos porteños del momento, tanto personajes de abolengo como integrantes del pueblo. Todos ellos forman grupos que enriquecen la composición y contribuyen a romper con el acartonamiento del relato histórico convencional. 
Además, es muy significativa la figura del balcón en el 1800. La vida era muy intimista, todo transcurría en el interior de las casas, y los balcones eran un contacto con el mundo exterior. Todo lo que pasaba, pasaba por la Plaza, de modo que estos dos espacios eran fundamentales.
Compositivamente, la obra presenta una brusca perspectiva del Cabildo en su lado derecho, mientras que el lado izquierdo muestra una profusión de personajes; por lo que tenemos a la derecha una marcada diagonal y a la izquierda una horizontal.
En superficies tan angostas las perspectivas suelen ser bruscas; la mayoría de los bajorrelieves son conmemorativos por lo que el artista tiene que decir mucho en un espacio relativamente acotado y ésta es la solución a ese desafío. A su vez, esta diagonal le proporciona dinamismo a la composición. 
Relieve del 9 de Julio
A diferencia del anterior, el relieve del 9 de Julio muestra un espacio interior en el que se puede ver el mobiliario de la época. El trabajo del cortinado da cuenta de la maestría de la autora. 
En cuanto a la composición, es más simple que la anterior, con una horizontal dominante que es interceptada por los personajes de la derecha que cortan la monotonía gracias a la perspectiva del escritorio.
Un dato de color lo proporciona la licencia artística que tomo Lola Mora, al dotar a una de los congresales retratados, con la figura de Julio Argentino Roca, su protector y mecenas.
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Casa Belgraniana
En un muro anexo de 27 metros se plasmó un mural del artísta Aníbal Fernández que refleja la gesta de 1812 desde el éxodo jujeño, la relación de Belgrano con el pueblo, la Batalla de Tucumán, el encuentro del General con la Virgen de la Merced donde entrega el bastón de mando, y el ideal de unidad y libertad americana.
Para su construcción y emplazamiento, se investigó documentación histórica y gráfica aportada por el Instituto Belgraniano de Tucumán, la Universidad Nacional de Tucumán, Editorial La Nación, Archivo Histórico de la Provincia, Museo Bartolomé Mitre, Biblioteca del Honorable Congreso de la Nación, editoriales privadas, más documentación epistolar, planos, relatos, e imágenes pictóricas. También se contó con el asesoramiento del Museólogo Gabriel Miremont.
También se expone una colección de muñecos de plastilina que representan a los ejércitos patriotas y realistas y viejos libros escolares que se refieren a la gesta belgraniana.
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CRISTO BENDICENTE 
San Javier, Tucumán, Argentina. 
Esta imponente escultura de 28 metros de alto, representativa del Cristo Redentor, también llamada Cristo Bendicente, fue inaugurada junto a una tradicional hostería siendo el primer impulso para el nacimiento de la villa San Javier, destacable objetivo del programa del gobierno que ansiaba incorporar los cerros tucumanos al turismo. 
Obra del célebre escultor tucumano Juan Carlos Iramain, los restos del mismo descansan desde 1983 a los pies de su propio Cristo. 
Se alza sobre la dorsal del cerro San Javier, pudiendo observarse desde la ciudad. 

Plaza Independencia
La estatua era para la Casa Histórica, pero Lola Mora logró ubicarla en la plaza Independencia. Rediseñó el pedestal y afrontó una polémica por la orientación de la figura.
De entrada, Lola Mora se dio cuenta de la inconveniencia de emplazar su "Libertad" en el lugar fijado. Una estatua colocada allí, "vendría prácticamente a tapar el templete, como un elemento postizo y fuera de escala que perjudicaría, de paso, su adecuada visualización". Y más teniendo en cuenta la chatura de la edificación de la ciudad de entonces, la estrechez de la calle Congreso y el hecho de que el templete estuviera encajonado entre medianeras. 
Habilísima para las relaciones públicas, se movilizó entonces a toda velocidad. Fueron y vinieron febriles telegramas a la Casa Rosada, hasta que logró que, el 8 de julio, Roca expidiera un decreto que corregía la ubicación primitiva de "La Libertad" y resolvía que el mármol de Lola Mora se colocase al centro de la plaza Independencia. 
Lola Mora la concibió como "una ampulosa mujer que, con gesto decidido y rompiendo los vientos, corta las cadenas, movimiento para el cual proyecta al frente el pecho y lleva los brazos hacia atrás". Impulsan ese ímpetu "los paños, tratados como 'mojados', es decir enteramente adheridos al cuerpo, siguiendo la tradición clásica". Da fuerza al planteo "la cabellera sumamente revuelta y soplada hacia atrás, apenas sostenida por un gorro frigio". 
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Basílica de la Merced. El interior de la iglesia.
En el interior predomina la especialidad de su nave central, con un esquema clásico de las iglesias argentinas, y su eclecticismo optó por crear reminiscencia de “la arquitectura románica francesa del siglo XI”. El ámbito principal se cubre con una bóveda de cañón realzada por los motivos pictóricos de su arranque sobre las arcadas. Ésta se interrumpe ante el arco total que precede al crucero, donde se alza la cúpula. Luego del presbiterio, el camarín de la Virgen se cobija en un ábside circular muy luminoso, donde sus aberturas son prolongación formal de aquellas que se abren en la nave.
La decoración interior ha sido realizada por el pintor italiano Giuseppe “Pippo” Bercetti (1912-1973), instalado en Tucumán hacia 1948, huyendo de los fragores de la Segunda Guerra Mundial. De Italia traía cierto prestigio; sobre todo, como retratista[1]. En nuestra ciudad realizó entre 1948 y 1952 las pinturas de La Merced, y las de la capilla del Santísimo Sacramento en la iglesia del local convento de San Francisco.
A la izquierda están representados los preparativos de la batalla del 24 de Septiembre de 1812.
En la Merced, por tratarse de un Santuario de sugestión histórica, era lógico que sus pinturas (distribuidas en la bóveda de la nave central, crucero y presbiterio) destinaran una importante sección a los acontecimientos vinculados con la Batalla de Tucumán y con Belgrano, en su relación con la devoción mercedaria. Se dedicó a esto la bóveda de la nave central. Sobre el muro norte están representados los preparativos de la Batalla del 24 de Septiembre de 1812, mientras que en el ubicado hacia el sur se reconstruye la célebre ofrenda del Bastón de Belgrano a la Virgen de La Merced, con posterioridad al hecho de armas. En ambos casos, el eje de la composición está dado por la figura del General patriota.
En el grupo de los preparativos, Belgrano está rodeado por conjuntos de personajes que el artista quiso hacer representativos del mundo social de Tucumán de aquellos tiempos, vecinos  pudientes, a pie o a caballo, campesinos con sus familias, soldados, etc. Como fondo, hacia la salida del templo, aparece al chato caserío de la época. Acaso este sería el sector plásticamente más logrado, por la adecuada distribución espacial, los armónicos niveles de profundidad, y los estudios de luces y sombras.
En cuanto al friso que se le opone, en el lado derecho, representa el célebre momento  tan vívidamente descrito por el General Paz en sus Memorias, que se desarrolla en el mismo campo de batalla en días posteriores a la acción. Es cuando llega la procesión con la imagen de la Virgen, conducida por tucumanos de distinta extracción social, y seguida por el vecindario y eclesiásticos. Completa esta bellísima escena detalles de la tropa protagonista: soldados de infantería y jinetes que regresan al campo de la acción, donde también hay heridos. Todo ello enmarcado en un paisaje convencional, de campo abierto y nubes geométricas, proporcionan el fondo de la escena. En este grupo, Bercetti (siguiendo toda una tradición artística) aprovechó para retratar a algunas personas contemporáneas vinculadas con la construcción del templo; de esa manera, el rostro del filántropo Alfredo Guzmán se dio al vecino que lleva el estandarte mercedario; entre los sacerdotes, pueden advertirse retratados el entonces Obispo de Tucumán, monseñor Juan Carlos Aramburu, de perfil, rodeado por el párroco padre Segundo Ferreyra y por monseñor Ramiro Pego Fuentes, los tres revestidos de ornamentos litúrgicos.


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