La educación artística.

Es necesario revisar la manera en la que se imparte, sus contenidos, sus conexiones con el mundo tecnológicamente activo y eminentemente visual que nos rodea y otorgarle la creciente importancia que está adquiriendo. Un mundo visual requiere de un entrenamiento para poder leer sus imágenes. Las múltiples imágenes que vemos a diario y que ejercen un tremendo poder sobre nuestras mentes y en consecuencia sobre nuestros comportamientos. El arte es comunicativo, pero para que exista comunicación es necesario conocer los códigos, y estos códigos, este lenguaje, tiene que ser enseñado en la escuela.
La educación artística es la asignatura desde la que se puede ayudar a los alumnos a valorar y desarrollar lo que les hace distintos, únicos tanto a ellos mismos como a sus obras, contribuye a la construcción de la propia identidad. Esta asignatura no busca una sola respuesta, ya que en la diversidad de respuestas está el fin; valorar la visión personal. Y esa visión personal surgirá de la búsqueda, del análisis, de las conexiones que establecemos en nuestro interior, de los pequeños descubrimientos, de la toma de decisiones, de nuestra capacidad de riesgo, de la variedad y de la flexibilidad. Para todo esto tenemos que entrenarnos. Lo que nos conducirá hacia un pensamiento crítico, activo.

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sábado, 4 de junio de 2016

El trencadís. Antoni Gaudí.

El trencadís es un tipo de aplicación ornamental del mosaico a partir de fragmentos cerámicos o azulejos, unidos con mortero o argamasa. El término proviene de la lengua catalana, traduciéndose aproximadamente como “troceado” o “picadillo”.
Esta técnica nace a finales del siglo XIX en Barcelona, España. En un período de apogeo modernista en la arquitectura catalana, fue el oriundo de Terragona, Antoni Gaudí (1852 – 1926) quien la aplicó por primera vez y popularizó.
Aunque los primeros mosaicos decorativos (o teselas) datan de la antigüedad, con orígenes en Turquía y muestras posteriores en Grecia y Roma, los orígenes del trencadís como tal se remontan a una anécdota de la vida de Gaudí, que cuenta haber visitado el taller de su colega Lluís Brú y, al ver la baja velocidad a la que colocaban baldosas, tomó una y una maceta, con la cual destruyó la baldosa, dejando pequeños fragmentos de cerámico — luego dijo “A puñados se tienen que poner, si no, no acabaremos nunca.” Los trozos de cerámica luego se aplicaron de esa manera, lo cual inspiró el uso de esta nueva técnica, que luego sería pulida y perfeccionada con los años.
Se considera como primera aplicación pública del trencadís al llamador de la entrada de la finca Güell, parte de los Pabellones Güell, edificados por Gaudí entre 1884 y 1887. De los Pabellones se desprende una de las mayores obras del modernismo catalán, el Parque Güell (Parc Güell en catalán), diseñado por Gaudí por encargo del empresario Eusebi Güell, construído entre 1900 y 1914 e inaugurado como parque público en 1926. Esta obra fue incorporada en 1984 a la Lista del Patrimonio de la Humanidad “Obras de Antoni Gaudí” por Unesco. De sus 17.18 hectáreas de extensión, gran parte de las superficies están cubiertas por trencadís, cuyos diseños y colores se integran con la naturaleza que rodea al Parque, evitando a toda costa los ángulos rectos, incluyendo las columnas, que se encuentran inclinadas al igual que las palmeras que predominan en el ambiente. Cuando Gaudí tomó las riendas de este proyecto, la zona se encontraba deforestada (siendo incluso llamada por el nombre de “Montaña Pelada”), por lo que antes que nada mandó plantar vegetación, escogiendo las especies mediterráneas autóctonas que mejor se adaptarían al terreno, incluyendo pino, algarrobo, ciruelo, lavanda, savia, y como se mencionó, palmera. Los colores que predominan en la obra son el azul, el verde y el amarillo, que para Gaudí simbolizaban Fe, Esperanza y Caridad.



   Toda obra de arte debe ser seductora y si por ser demasiado original se pierde la cualidad de la seducción, ya no hay obra de arte.

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